Has cambiado

-A veces, para que unos pocos que amas estén a salvo, muchos tienen que morir. Cuando llegan esas ocasiones debes saber que será mayor carga para ti: matar a esos muchos (que tienen hijos, parejas, padres, amigos) que no significan nada para ti o dejar morir a aquellos que te importan. Yo tome mi decisión. Puede que no te guste, que te parezca egoísta, pero eso al fin y al cabo no importa. Es mi decisión, no la tuya. No la puedo cambiar ya; y aunque pudiera, no lo haría. Ellos no eran importantes para mí, vosotros sí.

-¿Cómo puedes decir eso? ¿Cómo puedes ser tan insensible? Has cambiado...

-Tu también has cambiado. Tiempo atrás esto te habría dado igual.

And I lost it all

-...and I lost it all- Las últimas palabras de la canción salieron solas de entre sus labios como si de agua se tratase, en cuanto la canción finalizo el estadio entero tembló, una explosión, algo que golpeo en su cabeza, oscuridad...
Cuando despertó todo era silencio; se levantó despacio descubriendo el estadio entero en ruinas, miles de personas en el suelo, unas pocas se levantaban. No se oía nada, solo un largo pitido. Miró a su alrededor. Sus compañeros, ninguno despertaba. Poco a poco fue tomando consciencia de lo que había pasado, lentamente se acercó a Jacob, tenía un hierro clavado en el pecho; no se molestó en tomarle el pulso. Volvió a mirar a su alrededor. El infierno. Eso fue lo que vio, pequeños focos de llamas esparcidos por todo el terreno, ruinas, cadáveres, sus padres, sus hermanos, su mejor amigo... todos muertos seguramente. Apenas había unas veinte personas en pie. Una niña casi en el fondo del estadio. Tiraba del brazo de su madre, pero ella no respondía. Muerta. Se bajó del escenario de un salto procurando no caer encima de nadie; gracias a Kirian que el escenario no era alto. Lentamente recorrió el camino hasta donde la niña se encontraba; sin mirar al suelo; no quería ver a nadie que pudiera reconocer. Recordaba haber recibido una amenaza de bomba, "un fan frustrado por el cambio de estilo del grupo", pensó, ni si quiera se le pasó por la cabeza que pudiera cumplir esa amenaza. Comenzó a tararear una canción lenta, no era suya, no, no le apetecía cantar nada suyo ahora mismo, no cuando, por su culpa, toda esa gente estaba muerta.
Por fin llega hasta la niña, le coge la mano con la que agarra a su madre y la aparta de ella.
-Mamá- la niña llora- ¿Por qué no despierta mi mama?
Le mira a los ojos la niña le hace recordar a su hermana y no puede evitar una lágrima.
-Tu mamá... - mira hacia la niña, le miraba y alternativamente miraba a su madre, suspiró- ¿te gustan los ángeles?
-Si... -la niña hipaba, sollozaba, y se sonaba a la vez, la miró con mala cara, odiaba a los niños, realmente le daban asco, y no entendía que hacia una niña en su concierto, dijo expresamente nada de menores; pero ahora no era el momento de quejarse, para pensar en el, para ser egoísta. No. Así que sonrió lo mas cálidamente que pudo a la niña y prosiguió con lo que pretendía decir.
-Bueno, pues tu mamá es ahora un ángel, y, sé que tú la quieres aquí, pero ella ahora está en el cielo, con los demás ángeles, y ahora tú debes ser una buena chica, -le pasó la mano por el pelo, acariciándole y quitándole un poco de escombro, descubriendo una herida bajo su flequillo- debes ser una buena chica, portarte bien, ser fuerte, para que dentro de uno años, cuando seas mayor, poder reunirte con los demás ángeles. ¿Entiendes? -La pequeña asiente sin decir nada y acepta que él la coja en brazos. Vuelve a mirar a su alrededor, hay más personas en pie, les mira detenidamente. No reconoce a ninguno. Sin que pueda evitarlo las lágrimas se concentran es sus ojos. Mira al escenario; sigue tal y como lo dejo, ningún cambio, sus compañeros siguen en el suelo. Por un momento se queda paralizado donde esta, observando cómo su vida a quedado hecha añicos y ¿Por qué? ¿Que tan malo había hecho él para merecerse eso, para que tanta gente muriera por su culpa?
El pitido en sus oídos había ya desaparecido y poco a poco otros sonidos llegaban a él, alguien que llamaba por Tom ¿Tom? ¿Conocía el algún Tom? No. ¿Reconocía esa voz? Tampoco. Otros sonidos llegaban a él: lamentos, sirenas, llantos... un buen titulo para una canción. Genial, su mente era más retorcida de lo que creía. Miró al suelo, estaba sobre, lo que debía ser, un fragmento del estadio, un trozo de pared quizás; una roca, a su alrededor habían tres personas, muertas, inconscientes... probablemente lo primero. Se alejó de allí, dirigiéndose hacia la entrada del estadio, que ahora era un gran hueco en la pared. Mientras caminaba hacia la salida del infierno miro a la niña en sus brazos y le sonrió, la niña sonrió de vuelta.

En cuanto puso un pie fuera del estadio, bomberos, médicos y policías se abalanzaron sobre él. En algún momento le quitaron a la niña de los brazos. Le hablaban, le hacían preguntas, pero si bien les oía, no podía responderles, los oía como un murmullo algo externo, lejano a él. A su alrededor todo parecía estar cada vez más y mas cerca, todo parecía oscurecerse, hasta que la luz despareció y cayó.

Despedida

Akari es un chico de quince años, sus ojos de un azul indescriptible, su cabello castaño claro, su baja estatura, su delicada piel, su olor, su tierna inocencia, todo en el enamora a Scott, un chico de dieciséis años un tanto descuidado, alto, moreno, de cabello negro y ojos marrones, desde que conoció a ese niñito, desde la primera vez que nado en sus ojos, mucho antes de que le hablara por primera vez, se había enamorado de él, de eso pasaban ya casi dos años, pero Scott nunca se ha atrevido a confesarle sus sentimientos a Akari; se habían hecho muy amigos desde entonces, pasaban tanto tiempo juntos que, quien no les conocía, pensaba que eran hermanos.
Una tarde/noche de invierno en la que los padres del castaño habían salido, ambos chicos se encontraban en la casa del primero jugando a un videojuego que había comprado hace poco, Aki, como normalmente llamaba Scott al menor, iba ganándole por mucho, cuando de repente, se oye un estruendo seguido de una luz azulada y acto seguido todas las luces se apagan.
-Malditas tormentas- murmura el pelinegro.
El menor ríe.
-Da gracias a eso que no te he dado la paliza del siglo.
-Calla, ya empezaba a remontarte.
Aki ríe escandalosamente.
-Ya claro, tener dos vidas cuando tu contrincante tiene las diez intactas es una buena…
-Calla anda- le interrumpe el mayor mientras ríe también.- ¿Te apetece si nos terminamos la pizza? No creo que la luz vuelva hasta dentro de un par de horas.
-Ok ¡vamos Kiwi! voy bajando- Scott ve como se levanta y antes de salir de la habitación le dice - por cierto, te toco limpiar la caca de Kiwi- tras esto sale cerrando la puerta
-¡¡Aggg!!- Kiwi es el perro de Aki, y Scott realmente lo odia, siempre acaparaba toda la atención del menor y eso hacía que él se sintiese celoso, celoso de un perro… definitivamente cada día estaba peor.
Con resignación va al baño coge un poco de papel y la fregona y con ayuda de una linterna limpia el destrozo que había hecho el maldito perro. Cuando baja encuentra a Aki calentando algo en un pequeño caldero.
-¿Qué haces enano?
-Me apeteció chocolate caliente ¿a ti no?
-Sabes que el chocolate es mi segundo amor-sonríe, realmente amaba el chocolate, no más de lo que amaba a Akari, de ahí que fuese su segundo amor y no el primero, pero realmente amaba ese dulce en todas sus formas, colores y sabores, llegándole a ser incluso adictivo, algo que le hacía sentir también el menor, el único chocolate del mundo que no soporta es el de menta, pero por que odiaba la menta no por otra cosas.
-Sí, sí que lo sé, igual que sigo queriendo averiguar cuál es el primero.- responde sin apartar la vista del chocolate que removía con una pala de madera.
Scott le mira extrañado
-Pero si nunca me lo has preguntado.
-Que no te lo haya preguntado, no quiera decir que no quiera saberlo.
En ese momento, por alguna extraña razón, no supo si fue por el olor a chocolate, por la poca iluminación que daba ese fuego y que hacía que la habitación tuviera un aspecto de lo más sensual u otra cosa el mayor no pudo soportarlo más. Lentamente se acercó a Akari, que aun seguía de espaldas a él y lo abrazo, cogiendo por desprevenido al chico que dio un pequeño saltito.
-Mi primer amor-dijo susurrándole al oído- eres tú.
Acto seguido le dio la vuelta al menor depositando en sus labios un beso lento intentando así expresar lo mucho que lo quería y necesitaba, pero Akari no respondía a su beso, temeroso de cual iba a ser su reacción, Scott se separo lentamente de él, suspirando levemente y soltando una risilla nerviosa cuando vio el sonrojo en el rostro del menor y sus labios en forma de o.
-Bueno ¿Qué opinas?- dio aun temeroso de que el menor huyera.
-Curioso- dijo con cara inexpresiva, y se volvió a continuar con su tarea.
-¿Qué te resulta tan curioso?- su corazón se paro en el momento en el que el castaño se dio la vuelta con la mirada baja.
-Eh… Scott yo… mis padres…-el menor suspira como intentando encontrar las palabras mientras las esperanzas del mayor se esfuman lentamente, Akari vuelve a suspirar- Scott, nos vamos- el pelinegro lo mira sin comprender y el castaño vuelve a suspirar- mis padres han conseguido trabajo en Alemania, ellos se han ido esta mañana, les he pedido que me dejen ir en el primer avión de mañana para poder despedirme de ti- con cada palabra del castaño Scott se hunde mas y mas hasta que finalmente cae de rodillas al suelo con las lagrimas ya recorriendo sus ojos
-No te vayas, por favor, quédate conmigo, te necesito- no pudo evitar que su voz saliera rota, en los últimos dos años, toda su vida había girado en torno a él, si ahora se marchaba, no sabría como seguir, no podría seguir.
-Scott esto no es algo que yo pueda decidir hacer o no hacer, mis padres lo han decidido así, y por mucho que me duela separarme de ti, porque créeme, me duele, yo no soy quien para contradecirles.- Akari se sentó junto a él y comenzó a acariciar su cabello lentamente- Lo siento, de verdad que lo siento, me gustaría poder pasar más tiempo contigo –decía ya al borde del llanto- pero no puedo- los labios de Akari cada vez estaban más cerca de los suyos poco a poco se fueron tocando asta fundirse en un beso lento, triste, melancólico, con sabor a despedida, haciendo que, finalmente, las lagrimas se derramaran también por las mejillas de Aki; igual de lento se separaron, quedando abrazados por largo rato. Cuando Scott toma su barbilla para besarlo de nuevo, el menor se aparta.
- Lo siento.-le besa en la nariz- Cuida de Kiwi, Alemania es muy fría para el- le vuelve a besar, esta vez en los labios- también lo será para mi sin ti.-y eso es lo único que dice antes de irse, irse para siempre, para no volver.



Al día siguiente se despertó y encontró a sus padres esperando para darle la noticia. El avión en el que el menor viajaba se había estrellado. Ningún superviviente.
En ese momento su mundo entero se vino abajo, podía vivir sabiendo que el menor estaba en otro país, eso podía soportarlo, pero saber que ya nunca volvería a oír su voz, a ver sus ojos; no podía soportarlo. Esa misma tarde decidió que realmente no podía vivir en un mundo en el que el menor no existiera, y se suicido, sabía que era egoísta, si, sabía que sus padres sufrirían, pero en ese momento el dolor que le embargaba era demasiado, insoportable, y no lo dudó.


FIN

Uncrowned Prince



“Tuve todo lo que quería,
y, sin más, desapareció.”


Yo siempre había sido el niño de papá, todo lo que quería lo tenía, para mis padres, toso lo que yo hiciera era perfecto. Mis padres me amaban. Pero cometí un error. Fallé. Yo nunca fallaba, siempre hacia todo a la perfección, sin error alguno. Pero precisamente el día en el que de ningún modo podía fallar, fallé.

Tenía once años; ese día era muy especial, era el día para el que me había estado entrenando desde que apenas podía mantenerme en pie. Para una prueba, esa prueba, que decidiría si podía ser un cazador de vampiros. O no. 

Me encontraba en una habitación, había una puerta pequeña a mis espaldas y otra más grande al frente, al lado izquierdo se podía ver, detrás de un cristal reforzado, una pequeña sala desde la cual los examinadores me observaban. Cinco minutos antes de que la prueba comenzara, dejaron pasar a mi padre. Este se colocó a mi lado, apoyando una mano sobre mi hombro.

-Tranquilo Ander, lo vas a hacer bien, estoy orgulloso de ti –tras esas palabras y un apretón en el hombro, mi padre salió de la sala.

El tiempo parecía correr más despacio allí dentro, pasaron cuatro minutos que a mí me parecieron horas y finalmente un rotulo con el número diez apareció encima de la puerta delante de mí. Fije mi mirada en la puerta y conté mentalmente: Nueve… Ocho… Siete… Seis… Cinco… Cuatro… Tres… Dos… Uno. La puerta se abrió.

Texto vacío 1

Rosas rojas en lo profundo de una mente vacía. Cerezas tristes que se marchitan. Una camisa que se moja bajo la lluvia y un perro que llora. No te detengas, no lo intentes. Cosas opuestas que salen sin sentido de tu cabeza. Déjate llevar. No hay mañana sin ayer, pero si habrá mañana sin hoy. Cuando quieras abrir la puerta ya no habrá puerta, el camino no llevara al mismo lugar, por la ventana no podrás mirar. Llantos de la luna en una noche oscura. Sangre en el pomo de una puerta impura. Lagrimas de cristal en un rostro mortal. Puras locuras sin escusa alguna. Trampas en la oscuridad de lo eterno. Una puerta que no puedes cerrar, que da paso a lo que se avecina, que da paso a tu vida. Pasa a través de un cristal. Marcha sin mirar atrás. No dejes que la luna te cubra, no te quedes en la cuna.

Llantos fúnebres de una noche oscura, una noche sin luna. No te pares, no te adelantes, deja que todo fluya. No tengas miedo. Una explosión de alegría, llantos en cada esquina. Sin si quiera mirar atrás marcha sin cesar. Por una foto rota no has de llorar. No rías. Detente. No mires atrás. Déjate llevar. Corre a tu cuna.

Liberación

La luna baila, estoy seguro, sensual y seductora, pero nadie lo nota, ya nadie se detiene a mirarla, yo si la veo, paso mucho tiempo mirándola, veo como mueve boa entorno a su cuerpo de pura curva, su luz, que te incita a mirarla. Suspiro. Quisiera ser una de sus estrellas, para observar la tierra sin que nada de lo que ocurre me afecte, y cuando esto me aburra mirar hacia otro lado. Guerras, crisis, desamor, tragedias, más guerras y masacres. Gente inocente que muere, gente vil que vive. Unos extremadamente pobres, otros extremadamente ricos. Yo, por desgracia, soy de los últimos. Si, por desgracia, porque ¿Quién es mas desgraciado? ¿Aquel que vive pobre y con amor? ¿O aquel que vive rico y sin amor? Otro suspiro. Realmente, no entiendo esta sociedad en la que vivo, padres e hijos que se odian y, ante los demás, fingen lo contrario. Madres e hijas que luchan por el mismo hombre. Parejas que se juran amor eterno y no llegan ni al entierro. Hermanos que se traicionan. Amigos que se ignoran. Este mundo esta podrido y dudo que tenga remedio.
Camino por el gran jardín que rodea la mansión en la que habito, arropado por la tibia luz de la gran seductora. El aroma de las flores llega a mi, distintos olores, colores, y texturas. Realmente un paraíso, un templo. Antes este hogar era, un templo, uno de los pocos lugares a los que la corrupción, la avaricia, el egoísmo y la envidia no había llegado. Ya no lo es. La corrupción llegó destruyó toda nuestra familia.
Un olor diferente, artificial, me invade, dulce, lo reconozco enseguida la única personita de la casa que no está corrompida. Me doy la vuelta y ahí está mi linda hermanita, sonriente y con los brazos extendidos, me agacho, ella pasa sus brazos alrededor de mi cuello la elevo con los míos, me mira y frunce el ceño.
-¿Qué te pasa, hermanito?
La miro a los ojos y continúo mi paseo con ella en mis brazos antes de contestar.
-Nada, solo pensaba, peque –en su expresión veo un atisbo de desconfianza- Bueno, ¿Estas lista para tu sexto cumpleaños?
Se ríe
-Todavía falta un mes.
-Lo se, pero el tiempo pasa muy rápido, cariño- la bajo de mis brazos y caminamos en silencio. Pronto ella me dice que esta cansada y se retira a dormir. Yo sigo caminando, respirando el aire que trae la brisa fresca. Añoro la tranquilidad en mis pensamientos. Podría pasarme horas caminando por este jardín, y lo hago. Mi última noche. Cuando vuelvo a mi habitación, ya son las tres de la mañana. Me tumbo en la cama, estoy mentalmente agotado, pero eso pronto acabará. Acaricio las sabanas lentamente, luego mi vientre, esto me relaja, estoy un ratos así y luego dejo que mis brazos caigan a ambos lados de mi cabeza. Cojo aire lentamente y lo suelto. Estoy aburrido, aburrido de la vida. Suspiro. A veces siento que me ahogo. Mi vida se hunde en los conflictos familiares y el qué dirán, aparentar, eso era la base de mi vida. Realmente odioso. Quiero despertar y descubrir que todo ha sido un sueño.
Los sueños; un mundo realmente increíble, eres dueño de todo lo que ocurre y todo sucede a tu gusto, nada sale de tu controlen el mundo de los sueños. Excepto cuando llegan las pesadillas. Mi vida es una pesadilla. Pero eso está a punto de terminar.
Tomo el veneno de mi mesilla de noche, lo destapo y dejo que caiga entre mis labios recorriendo mi garganta, dulce líquido liberador; ahora solo queda esperar que la muerte llegue.


FIN