Despedida

Akari es un chico de quince años, sus ojos de un azul indescriptible, su cabello castaño claro, su baja estatura, su delicada piel, su olor, su tierna inocencia, todo en el enamora a Scott, un chico de dieciséis años un tanto descuidado, alto, moreno, de cabello negro y ojos marrones, desde que conoció a ese niñito, desde la primera vez que nado en sus ojos, mucho antes de que le hablara por primera vez, se había enamorado de él, de eso pasaban ya casi dos años, pero Scott nunca se ha atrevido a confesarle sus sentimientos a Akari; se habían hecho muy amigos desde entonces, pasaban tanto tiempo juntos que, quien no les conocía, pensaba que eran hermanos.
Una tarde/noche de invierno en la que los padres del castaño habían salido, ambos chicos se encontraban en la casa del primero jugando a un videojuego que había comprado hace poco, Aki, como normalmente llamaba Scott al menor, iba ganándole por mucho, cuando de repente, se oye un estruendo seguido de una luz azulada y acto seguido todas las luces se apagan.
-Malditas tormentas- murmura el pelinegro.
El menor ríe.
-Da gracias a eso que no te he dado la paliza del siglo.
-Calla, ya empezaba a remontarte.
Aki ríe escandalosamente.
-Ya claro, tener dos vidas cuando tu contrincante tiene las diez intactas es una buena…
-Calla anda- le interrumpe el mayor mientras ríe también.- ¿Te apetece si nos terminamos la pizza? No creo que la luz vuelva hasta dentro de un par de horas.
-Ok ¡vamos Kiwi! voy bajando- Scott ve como se levanta y antes de salir de la habitación le dice - por cierto, te toco limpiar la caca de Kiwi- tras esto sale cerrando la puerta
-¡¡Aggg!!- Kiwi es el perro de Aki, y Scott realmente lo odia, siempre acaparaba toda la atención del menor y eso hacía que él se sintiese celoso, celoso de un perro… definitivamente cada día estaba peor.
Con resignación va al baño coge un poco de papel y la fregona y con ayuda de una linterna limpia el destrozo que había hecho el maldito perro. Cuando baja encuentra a Aki calentando algo en un pequeño caldero.
-¿Qué haces enano?
-Me apeteció chocolate caliente ¿a ti no?
-Sabes que el chocolate es mi segundo amor-sonríe, realmente amaba el chocolate, no más de lo que amaba a Akari, de ahí que fuese su segundo amor y no el primero, pero realmente amaba ese dulce en todas sus formas, colores y sabores, llegándole a ser incluso adictivo, algo que le hacía sentir también el menor, el único chocolate del mundo que no soporta es el de menta, pero por que odiaba la menta no por otra cosas.
-Sí, sí que lo sé, igual que sigo queriendo averiguar cuál es el primero.- responde sin apartar la vista del chocolate que removía con una pala de madera.
Scott le mira extrañado
-Pero si nunca me lo has preguntado.
-Que no te lo haya preguntado, no quiera decir que no quiera saberlo.
En ese momento, por alguna extraña razón, no supo si fue por el olor a chocolate, por la poca iluminación que daba ese fuego y que hacía que la habitación tuviera un aspecto de lo más sensual u otra cosa el mayor no pudo soportarlo más. Lentamente se acercó a Akari, que aun seguía de espaldas a él y lo abrazo, cogiendo por desprevenido al chico que dio un pequeño saltito.
-Mi primer amor-dijo susurrándole al oído- eres tú.
Acto seguido le dio la vuelta al menor depositando en sus labios un beso lento intentando así expresar lo mucho que lo quería y necesitaba, pero Akari no respondía a su beso, temeroso de cual iba a ser su reacción, Scott se separo lentamente de él, suspirando levemente y soltando una risilla nerviosa cuando vio el sonrojo en el rostro del menor y sus labios en forma de o.
-Bueno ¿Qué opinas?- dio aun temeroso de que el menor huyera.
-Curioso- dijo con cara inexpresiva, y se volvió a continuar con su tarea.
-¿Qué te resulta tan curioso?- su corazón se paro en el momento en el que el castaño se dio la vuelta con la mirada baja.
-Eh… Scott yo… mis padres…-el menor suspira como intentando encontrar las palabras mientras las esperanzas del mayor se esfuman lentamente, Akari vuelve a suspirar- Scott, nos vamos- el pelinegro lo mira sin comprender y el castaño vuelve a suspirar- mis padres han conseguido trabajo en Alemania, ellos se han ido esta mañana, les he pedido que me dejen ir en el primer avión de mañana para poder despedirme de ti- con cada palabra del castaño Scott se hunde mas y mas hasta que finalmente cae de rodillas al suelo con las lagrimas ya recorriendo sus ojos
-No te vayas, por favor, quédate conmigo, te necesito- no pudo evitar que su voz saliera rota, en los últimos dos años, toda su vida había girado en torno a él, si ahora se marchaba, no sabría como seguir, no podría seguir.
-Scott esto no es algo que yo pueda decidir hacer o no hacer, mis padres lo han decidido así, y por mucho que me duela separarme de ti, porque créeme, me duele, yo no soy quien para contradecirles.- Akari se sentó junto a él y comenzó a acariciar su cabello lentamente- Lo siento, de verdad que lo siento, me gustaría poder pasar más tiempo contigo –decía ya al borde del llanto- pero no puedo- los labios de Akari cada vez estaban más cerca de los suyos poco a poco se fueron tocando asta fundirse en un beso lento, triste, melancólico, con sabor a despedida, haciendo que, finalmente, las lagrimas se derramaran también por las mejillas de Aki; igual de lento se separaron, quedando abrazados por largo rato. Cuando Scott toma su barbilla para besarlo de nuevo, el menor se aparta.
- Lo siento.-le besa en la nariz- Cuida de Kiwi, Alemania es muy fría para el- le vuelve a besar, esta vez en los labios- también lo será para mi sin ti.-y eso es lo único que dice antes de irse, irse para siempre, para no volver.



Al día siguiente se despertó y encontró a sus padres esperando para darle la noticia. El avión en el que el menor viajaba se había estrellado. Ningún superviviente.
En ese momento su mundo entero se vino abajo, podía vivir sabiendo que el menor estaba en otro país, eso podía soportarlo, pero saber que ya nunca volvería a oír su voz, a ver sus ojos; no podía soportarlo. Esa misma tarde decidió que realmente no podía vivir en un mundo en el que el menor no existiera, y se suicido, sabía que era egoísta, si, sabía que sus padres sufrirían, pero en ese momento el dolor que le embargaba era demasiado, insoportable, y no lo dudó.


FIN

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